lunes, 20 de octubre de 2008

Conciertos y más conciertos: paradojas de la prosperidad ausente


Como nunca antes, en la ciudad de Lima (punto desde el cual escribo) se han dado tantos conciertos seguidos. Es cierto que aún no nos visita Maiden o Judas. Lo han hecho ya Megadeth y Halloween, junto con otros como Exodus o Cannibal Corpse. Además se ha vuelto frecuente la llegada de bandas de thrash de Europa. En los últimos 5 años Destruction ha venido 3 veces y Kreator y Sodom 2 cada uno.


Esto hace que pensemos nuevamente en la importancia de los conciertos como espacios de actualización de nuestra cultura headbanger. Hace un tiempo, un amigo me decía que él solo compraba el disco de la banda y no iba a cinciertos pues eso era lo que el artista había producido para su escucha por parte del público. Además, continuaba, tomando en cuenta que en el metal, la improvisación es algo ocasional y más bien la excepción, a diferencia de lo que ocurre con el jazz, no tenía sentido acudir a los conciertos de bandas de este estilo pues seguro el disco se escuchaba mejor y no iban a realizar alguna cosa muy diferente. Ir a ver al artista cuando ya conoces su música era solo una forma de fetichismo en nada diferente a las fanaticadas de adolescentes que van a ver a Hannah Montana o a Paulina Rubio.


Creo que mi amigo solo tendría razón si estuviésemos ante la pura música. Pero más allá del componente emocional que puede ser ver al artista que uno admira, también está el hecho de que al ser el heavy metal una comunidad cultural, es decir una comunidad que comparte símbolos identitarios, la reunión se convierte en una ocasión desiciva para actualizar esa comunidad. El estar juntos y autoreconocerse como headbangers fortalece la propia identidad individual así como da curso a nuestra acción sobre el mundo.


Sin embargo, y en vista de que los conciertos que más abundan en Lima ahora son los protagonizados por bandas extranjeras, se está dando una limitación que puede ser culturalmente perniciosa: la limitación de la cultura headbanger local. No estoy hablando de ridículo nacionalismo chovinista sino al hecho que en los conciertos con bandas extranjeras hay poca intervención de la cultura headbanger local. Cuando los conciertos eran básicamente de bandas locales, el centro eran los fanzines y las producciones de estas bandas. Había un ambiente subte muy definido que contribuía en generar vínculos muy fuertes. Ahora con los grandes megaconciertos esto desaparece, ni se habla del medio local. Toca Gamma Ray después Halloween y se acabó. Un concierto calcado del que se acaba de realizar en Quito y en Bogota y que será el mismo que el que se dé en Santigao y Buenos Aires.


No estoy reclamando por la aparición de bandas peruanas en el cartel de las extranjeras si es que su música y profesionalismo no lo amerita sino que no desaparezcan los conciertos locales. Que se siga apoyando con la asistencia a los conciertos de las bandas nacionales de tal manera que nuestra cultura no solo se nutra desde fuera sino desde dentro. Los artistas del metal de nuestro país también deben esforzarse en brindar producciones de calidad y no caer en la excesiva precariedad o improvisación. El público debe brindar un espacio para que lo que producimos tenga una audiencia.
La solidez de nuestro movimiento depende de nosotros los headbangers.


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